lunes, 19 de diciembre de 2011
Mis frasquitos
Mi jardín está pelado. Pero también es bonito así en invierno. No hay color, pero el olivo siempre está ahí, recordándonos que existen plantas perennes.
Como lo son los recuerdos bonitos, imperecederos y gratificantes, cuando se hecha mano de ellos.
No me gustan los circos que llevan animales para exhibirlos. Creo que éstos tienen el derecho a la libertad como lo tenemos los seres humanos. Trabajan a cambio de comida y trabajan duro, en actividades que no son propias de su condición. Ellos saben cazar, no les hace falta saltar por un aro de fuego para alimentarse. Creo que piensan, y detestan a los hombres. Porque es una perversión encadenarlos y castigarlos para que cumplan sus ridículos objetivos.
Pero de niña, mi padre me llevaba al circo todos los años una vez. Hasta que me dí cuenta del sufrimiento de las fieras y lo odié.
El colorido de las luces y el olor característico de aquél espectáculo, el más grande del mundo le llamaban, se me quedaban dentro y me duraban hasta el año siguiente.
Alguien me contó que dentro de nosotros hay muchos frasquitos, y que podemos ir guardando en ellos, sabores, olores, imágenes... Y cuando lo necesitamos podemos echar mano y sacarlos.
Así, cuando tenía que ir al ambulatorio, a cumplir con la cartilla de vacunaciones, pensaba en algo mágico (frasquito número 5), que me evadiera del pinchazo, y éste contenía la última sesión de circo.
Ahora, cuando me encuentro en alguna encrucijada, saco el olor de mi padre, su sonrisa y su abrazo (frascos 2 , 7 y 23) y me ayudan a despejar dudas y a recordar que como el olivo, él estará siempre ahí, perenne, acompañándome.
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En esas encrucijadas, no hay nada mejor que el olor de un padre pegado en tu piel
ResponderEliminarNo cabe duda. Sobre todo si el padre ha sido unser tan especial...
ResponderEliminarOjalá tengas siempre olivos acompañándote.
ResponderEliminarGracias María Jesús. Ojalá, porque son un trozo de vida....
ResponderEliminarQué gran recuerdo de tu padre.
ResponderEliminarA mí me gusta el invierno: sin él no habría primavera.
Como a mí la tormenta, para saborear después la calma...Saludos, Pedro.
ResponderEliminarPrecioso Mama!!!
ResponderEliminarGracias, mi angelito. Tu si queveres precioso por haberlo leido, TQ
ResponderEliminarTodos los pensamientos vertidos en tu entrada tienen mucho valor y me gustan. Un beso Lola
ResponderEliminarGracias Lola, me alegro mucho de que estemos en la misma sintonía. Besos.
ResponderEliminarPerdona, no te puedo comentar, ayer perdí el conocimiento.
ResponderEliminar¡FELIZ NAVIDAD!
un abrazo
maite
Maravillosa entrada Campanilla me has estremecido de emociòn... Tus entradas hacen reflexionar como la anterior de Sèneca. Lamento solo el no poder disponer de tiempo suficiente para recrearme en los blogs que me gustan, como éste.
ResponderEliminarFeliz Navidad, Campanilla bonita y te deseo que te dé muchas satisfacciones y dichas el 2012 venidero y que sigas deleitàndonos con tus posts.
Un abrazo desde Venecia
Chusa
Chusa, mi niña, eres tan linda... Me has dado una gran alegría con tu comentario. Como se puede ver, a mi esto de la tecnología me puede, de ahí que mi blog no se precioso, como el tuyo por ejemplo. Pero que los post le agraden a alguien, me emociona. Te deseo lo mejor, ahora y siempre, porque tu lo vales!!!!!!!. Besos.
ResponderEliminarCon mis mejores deseos de PAZ, AMOR y SALUD para ti y los tuyos en estos días y que el año próximo también podamos seguir disfrutando de ello!
ResponderEliminarUn beso enooooOOooorme,
Elena
Que haya mas olivos para acompañarte.
ResponderEliminarFelices fiestas.
Un abrazo grande!
Maite, dime como estás... Felices Fiestas. Besos.
ResponderEliminarCecy, muchas gracias por tus buenos deseos. Besos.
ResponderEliminarBicoca, fotógrafa que se sale....Feliz Navidad mi niña. Besazos.
ResponderEliminarJavier, no merezco tanto, de verdad. Lo de quererte con locura es absolutamente espontáneo, cuestión de piel, de olor y de tacto. Susurrame al oído....
ResponderEliminar¡Qué buena forma de guardar recuerdos y así además, tu padre siempre está contigo!
ResponderEliminarMyriam, no te puedes ni imaginar la cantidad de frasquitos que tengo... y los que seguiré atesorando. El olor del desierto, el sonido de las cataratas del Angel, la risa de mis hijos cuando eran bebés... Besos.
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